jueves 20 de noviembre de 2008

Washington, 15-N

La cumbre del G-20 ha finalizado con una doble lectura para España. Por una parte, nuestro país ha logrado el objetivo de acudir a la trascendental cita, y lo ha hecho además con voz y voto, teniendo por primera vez la posibilidad de expresarse y de hacerse ver en una cumbre en la que se ha sembrado la semilla para el nacimiento de un nuevo sistema financiero mundial. No obstante, ¿ha acudido España como un miembro más del G-20 o como representante de los países comunitarios? La presencia a última hora de Holanda y la República Checa ha desdibujado más si cabe el papel de nuestro país en la cita internacional.

Por un lado, es incuestionable el éxito diplomático del Ejecutivo español, que ha movido todos los hilos necesarios para que España estuviera presente el pasado sábado en Washington. Sin embargo, resulta evidente que, pese a los esfuerzos, nuestro país continúa siendo un actor secundario en la escena internacional. Es posible que hayamos dejado de ser totalmente invisibles, pero a la luz de la cumbre, lo cierto es que España ha acudido por obra y gracia del señor Sarkozy, quien muy gentilmente nos ha cedido uno de sus dos asientos, como presidente de turno de la Unión Europea y miembro del G-8.

A pesar del notable éxito del haber estado allí, España no ha asistido a la cita como potencia invitada con pleno derecho, sino más bien como uno de los países representantes de la Unión Europea. De hecho, el discurso de Zapatero en la cumbre, lejos de centrarse en las bonanzas del sistema bancario español, vino a subrayar la postura de la Unión frente a la reforma del sistema financiero mundial.

Por tanto, se podría decir que la presencia de España en Washington ha sido más un triunfo moral que un reconocimiento real del papel de nuestro país en el escenario político internacional. Una victoria que, pese a todo, deja entrever el todavía largo camino que queda por recorrer. Y es que como reconocía Zapatero poco antes de confirmarse la presencia de España en la cumbre, ser un actor global no es tarea fácil, ya que no vale sólo con merecerlo, te lo han que reconocer.